Con qué me quedo hoy.

Estándar

Vamos… que el síndrome de la página en blanco vuelve y se retira como las olas en la orilla del mar…

Pienso en una cantidad de cosas y se me viene una avalancha.

Demasiada información, demasiados temas que me interesan, además mi vida a ratos se vuelve un poco esquizofrénica ya que paso de los temas de mi trabajo ultraespecíficos –ligados al ámbito de la difusión científica- y de un momento a otro a los temas más domésticos de madre, o casi protocolares de esposa de alguien ligada a un trabajo bastante rígido y que involucra toda nuestra vida familiar.

Entonces con tantos roles, cómo no olvidar el auto en el estacionamiento del centro de la ciudad??? Y llegar a la casa a buscarlo sin encontrarlo después de haber recorrido varias cuadras a pie con mi cabeza ocupada en mil cosas que resolver???

Que no suene a queja porque esa es la otra situación, si no viviera así no podría vivir… el poco tiempo que pasé sin trabajo por mi posnatal imaginaba que entraría al gimnasio, leería los mil libros que me encantaría leer y haría un sinfín de cosas… no hice NADA… estaba aletargada sin la adrenalina de esta vida esquizofrénica que amo profundamente… ahora quiero ir al gimnasio y no tengo tiempo… es una paradoja, bueno creo que definitivamente jamás me ha gustado el gimnasio y a ratos sólo quiero tenerlo todo, incluso esas banalidades.

Entonces analizo hoy mi día y me pregunto con qué me quedo??? Hoy me quedo con un regalo inesperado que me dieron en la calle en la mañana, cuando todo el mundo vende cosas por lo que sea, unos niños de una escuela a primera hora de la mañana se acercaban a la gente que caminaba rauda, y algo entregaban… obvio me pregunté qué venden? Y se me acercó uno y me pasó un denario, le pregunté cuánto cuesta abriendo la cartera y me dijo: “¿cómo le vamos a vender un denario? Los estamos regalando porque termina el mes de María”.

Me sorprendió esa idea que tuvo alguien en esa escuela de regalar un denario… me dejó para adentro. No importa que alguien que lea esto no sea católico, que no crea ni en la Virgen ni en nadie, no importa… lo que importa es que alguien pensó que los niños podían:

–          primero que todo salir a regalar cuando todo el mundo vende o pide algo a cambio…

–          segundo, regalar la posibilidad de que alguien a primera hora de la mañana pensara en lo que simboliza un denario, pensara en una oración, pensara en llevar en su bolsillo un objeto de fe que a algunas personas puede salvar y a otras puede gustar como un fetiche.

–          Tercero, regalar esa inocencia, esa mirada de orgullo por lo que estaban haciendo, de cero inhibición.

En el día de hoy en que he leído sobre el calentamiento global, sobre la secuenciación del gen de la papa,  sobre bacterias que viven en el arsénico, me quedo con mi regalo… un denario blanco que además es hermoso y eso que aún no termina el día.

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